jueves, 11 de junio de 2026

Parataxis y concomitancia

Parataxis y concomitancia

 

La Parataxis del Acontecer:

 

El inicio yuxtapone el ruido de la calle con el peso del dogma sin nexos lógicos, obligando al lector a experimentar la contradicción de golpe.

Deconstrucción de la Mentalidad:

 Analiza el concepto de "cambio" no como una solución política, sino como una insuficiencia del lenguaje y la estructura mental del país.

 


El Neologismo Existencial: Creé el término "el colombiando" como una forma de capturar ese estar-siendo específico de nuestra geografía, un gerundio sustantivado que define un estado de ánimo histórico.

 


El estar-siendo calicheando el cambiando en el callejeando

 

El cambiado busca el cambiando en la ropa. La popa del restaurante cambiando. La radical vida del muerto.

Todo cambio arrastra un luto. Cambi-torsión, cambi-curva, cambi-trueque. Pasando el hoy mío; minuteando heracliteando y un culpaneando del desapercibido vendedor de aguacateando. Humeando la máquina rodeante en vía podrida capitoleada.

Banderado y cambiado despues de tandeado.

La señora candidata al paiseando gesticulando cruces coloreadas, un capataz de su finca silvándole al pájaro del tireando.

Calicheando estudiando y profesoreando bellas damitas escolarizadas izando, el pájaro emprende carrera. El semanariando ondeando en la caseta revelando el chisme.

Candidatos chismeando el candidateando en la brutal calicheanda del presentando la boqueando. El presentado huyendo en  cambium”:

"curvado", "doblado", "torcido" o como los Latinos han dado: truequeando.

 

 

Si usamos el guion dialéctico y activamos su esencia interna, el cambio revela tres dimensiones literarias:

·       La torsión (Kamb-): Cambiar es doblar una resistencia. Hay una fuerza que tuerce el destino o la inmovilidad.

·       La deuda del trueque (Cambium): En el cambio original, nada se crea de la nada; para recibir algo, tienes que entregar (perder) otra cosa de igual peso. .


2. Tres Formas de Aplicar el Lenguaje Etimológico a tu Texto

A. Activando la Torsión Física (El Cambio como Doblez)

En lugar de tratar el cambio como una idea política o abstracta, devuélvele su raíz celta de curvatura y violencia. Puedes forzar la sintaxis para que el lector "sienta" el quiebre de la línea recta.

·       Uso literario: "La historia no avanza: se cambia, se curva, se tuerce sobre sí misma como un metal caliente. El país no evoluciona; padece una kamb-torsión, un doblarse doloroso donde el pasado y el futuro se ven las caras en el mismo vértice del quiebre."

B. Desnudando el Trueque (El Cambio como Pérdida)

Utiliza la etimología del trueque para denunciar la ingenuidad de la mentalidad dogmática, que espera un cambio sin pagar el precio histórico.

·       Uso literario: "Claman por el cam-bio como si fuera un don gratuito. Olvidan el cambium original, el trueque de las mercancías de la sangre. Todo mutar es un comercio trágico: para que amanezca el porvenir, hay que entregar en pago los altares sagrados del dogma. El dogmático exige la novedad, pero se niega a la pérdida; quiere un intercambio donde su fijeza quede intacta."

C. Creando Neologismos y Palabras Compuestas desde la Raíz

Cruza el español con su memoria etimológica para generar extrañamiento en la prosa.

·       El Cambiar-perdiendo: Un compuesto que elimina la ilusión del progreso limpio.

·       La Cambi-curva: Para definir esos momentos históricos donde la realidad da un giro violento.

·       Ejemplo en texto: "Atrapados en el cambiar-perdiendo, los hombres de la plaza celebran la nueva ley. No ven la cambi-curva del tiempo que ya los está arrastrando hacia la misma fosa."


3. Ejemplo Práctico: El Párrafo Intervenido

Mira cómo se transforma el concepto en un bloque de prosa densa y analítica si aplicamos estas herramientas:

"El país brama por un cambio, pero lo enuncia desde la flacidez del eslogan. Ignoran que en la médula de esa palabra habita el *kamb- antiguo: el acto violento de torcer la madera viva, de quebrar la línea recta de lo estatuido. Cambiar no es decorar el palacio; es someter la mentalidad dogmática a una torsión ontológica que fracture sus certezas teológicas. Un verdadero cam-bio es un cambium descarnado, un trueque existencial donde se permuta la seguridad del cautiverio por la intemperie del movimiento. Lo demás es retórica de superficie: un simulacro de mudanza donde la estructura se dobla, pero solo para volver a caer, idéntica, en su vieja inercia."


¿Qué te parece este abordaje físico y arqueológico de la palabra? Si tienes en mente otra palabra clave que sirva de contrapeso al cambio en tu texto (como Orden, Patria o Progreso), dime y podemos desarmar su etimología para generar el choque dialéctico.

 

 

C. La Concomitancia Ontológica (El Participio Absoluto)

Usa participios pasados al inicio de tus oraciones para denotar estados que ya estaban ahí, coexistiendo con el presente del personaje, rompiendo la fijación cronológica.

  • Ejemplo: "Condenado de antemano, el hombre camina hacia el altar. Rota la promesa, el aire se vuelve irrespirable".
  • Efecto: El destino ("condenado", "rota") acompaña al sujeto como una sombra simultánea a su acción presente.

 

Es el juego concomitante, el Bei-Spiel de nuestra tragedia: un país que se mueve a vértigo de vértigo mientras su mente permanece estancada en el decreto.

Porque aquí la palabra cambio sufre una insuficiencia ontológica. El dogmatismo criollo —esa herencia clerical y jurídica, esa mentalidad de fe o muerte— no entiende el mutar como un fluir, sino como un trauma. Se cambia para que todo quede intacto; se legisla la esperanza para no tener que ejercerla. Rompemos la sintaxis del progreso. Un ideologizar ciego que todo lo juzga, un polarizar que congela el pensamiento, un creer que sustituye al saber. El dogma es el guion que separa nuestra historia de nuestra realidad: fija los sujetos en bandos inmutables (el santo, el demonio, el salvador, el traidor) y anula el matiz, que es donde verdaderamente late la vida.

Transcurriendo, el tiempo pasa pero no avanza. Las masacres de ayer concomitantes con los discursos de hoy; el barro de la periferia inundando las promesas de la capital. La historia nacional no es una línea recta, es un eterno presente, un gerundio perpetuo: sufriendo, esperando, re-cordis (un volver a pasar por el dolor del pecho las mismas violencias calcadas con cincuenta años de diferencia). Intentar traducir esta Colombia a una categoría lógica es un esfuerzo inútil. Habría que inventar un neologismo trágico, un verbo sustantivado que capture nuestro Dasein caribe y andino: el colombiando, ese estado de suspensión donde se convive con el abismo mientras se simula la normalidad del desayuno.

El verdadero cambio no es el heráldico que se firma en los palacios con tinta retórica; es el que exige fracturar esa esencia interna e histórica de la intolerancia. Mientras el pensamiento siga siendo un tribunal teológico, el porvenir será solo una repetición estatuida. La calle sigue fluyendo, la historia sigue pesando, el dogma sigue anonadando. Y en medio de esa fijeza mental, el país, simplemente, sigue estando-ahí, al borde de sí mismo, buscando la grieta por donde aprender, al fin, a conjugarse en futuro.

 

A. La Concomitancia Sintáctica (La Parataxis del Gerundio)

Consiste en encabalgar gerundios y acciones simultáneas mediante la parataxis para anular el tiempo lineal. El lector experimenta todo a la vez, no de forma sucesiva.

 

  • Ejemplo: "El motor rugiendo, las manos crispadas al volante, el recuerdo de su madre fragmentándose en el parabrisas, la lluvia cayendo, cayendo, borrando la carretera".
  • Efecto: No hay antes ni después; el rugido, el miedo, el recuerdo y la lluvia ocurren en una concomitancia absoluta y claustrofóbica.

 

B. La Concomitancia Semántica (El Tablero de Ajedrez)

Utiliza la estructura del texto para narrar dos realidades paralelas que se modifican mutuamente (el Bei-Spiel o juego concomitante que mencionábamos). Puedes usar el diseño de la página o frases yuxtapuestas.

  • Ejemplo: "El dictador firma la sentencia de muerte. (Afuera, un pájaro limpia sus plumas en el ciprés). El bolígrafo rasga el papel con un chirrido seco. (El pájaro emprende el vuelo hacia el norte)".
  • Efecto: La naturaleza y la atrocidad humana conviven sin tocarse gramaticalmente, pero la proximidad genera un cortocircuito poético en el lector.

C. La Concomitancia Ontológica (El Participio Absoluto)

Usa participios pasados al inicio de tus oraciones para denotar estados que ya estaban ahí, coexistiendo con el presente del personaje, rompiendo la fijación cronológica.

  • Ejemplo: "Condenado de antemano, el hombre camina hacia el altar. Rota la promesa, el aire se vuelve irrespirable".
  • Efecto: El destino ("condenado", "rota") acompaña al sujeto como una sombra simultánea a su acción presente.

 

 

Concomitancia

 

O Estar-sendo da Mudança

 

 

(Traducción al Portugués Brasil del texto : “El Estar-siendo del Cambio” )

 

 

Sucedendo, a manhã estourando no grito do vendedor ambulante, os motores roncando na avenida, os sinos da igreja decretando o primeiro dogma do dia. A Colômbia acontece em uma simultaneidade violenta: a manchete do jornal anunciando a enésima refundação histórica, a lei prometendo a quimera da novidade; e abaixo, no asfalto, o corpo repetindo o mesmo rito ancestral da sobrevivência. É o jogo concomitante, o Bei-Spiel da nossa tragédia: um país que se move a passos de vertigem enquanto sua mente permanece estagnada no decreto.

 

 

Porque aqui a palavra mudança sofre de uma insuficiência ontológica. O dogmatismo crioulo —essa herança clerical e jurídica, essa mentalidade de fé ou morte— não entende o mutar como um fluir, mas como um trauma. Muda-se para que tudo fique intacto; legisla-se a esperança para não ter que exercê-la. Rompemos a sintaxe do progresso. Um ideologizar cego que tudo julga, um polarizar que congela o pensamento, um crer que substitui o saber. O dogma é o hífen que separa a nossa história da nossa realidade: fixa os sujeitos em lados imutáveis (o santo, o demônio, o salvador, o traidor) e anula a nuança, que é onde verdadeiramente pulsa a vida.

 

 

Transcorrendo, o tempo passa mas não avança. Os massacres de ontem concomitantes com os discursos de hoje; a lama da periferia inundando as promessas da capital. A história nacional não é uma linha reta, é um eterno presente, um gerúndio perpétuo: sofrendo, esperando, re-cordis (um voltar a passar pela dor do peito as mesmas violências calcadas com cinquenta anos de diferença). Tentar traduzir esta Colômbia a uma categoria lógica é um esforço inútil. Seria preciso inventar um neologismo trágico, um verbo substantivado que capture o nosso Dasein caribenho e andino: o colombando, esse estado de suspensão onde se convive com o abismo enquanto se simula a normalidade do café da manhã.

 

 

A verdadeira mudança não é a heráldica que se assina nos palácios com tinta retórica; é a que exige fraturar essa essência interna e histórica da intolerância. Enquanto o pensamento continuar sendo um tribunal teológico, o porvir será apenas uma repetição estatuída. A rua segue fluindo, a história segue pesando, o dogma segue aniquilando. E em meio a essa fixidez mental, o país, simplesmente, segue estando-aí, na beira de si mesmo, buscando a fresta por onde aprender, enfim, a conjugar-se no futuro.

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